Lo místico tiene una atracción difícil de soslayar.
En el solsticio de verano, el día más largo del año, en la zona norte, más precisamente al sur de Londres gran cantidad de gente suele visitar el complejo de Stonehenge, en una suerte de celebración pagana.
Tal vez, en otro momento hable algo de los simbolismos de los solsticios, más precisamente en la masonería.
Se trata de un complejo conformado por grandes bloques de piedra distribuidos en cuatro circunferencias concéntricas, originariamente coronadas por dinteles, de los cuales quedan solamente cuatro en su sitio.
En el centro se encuentra una losa conocida como “el Altar”.
Al complejo lo rodea un foso circular y allí se alza un bancal donde se encuentran los “Agujeros de Aubrey”, tanto el bancal como el foso están cortados por “la Avenida” y cerca de allí se localiza la “Piedra del Sacrificio” y en fren la “Piedra Talón”.
Puede encontrarse mucha información sobre el tema en internet, pero vale la pena rescatar que existe en las cercanías un asentamiento de cerca de mil casas, que aparentemente sólo eran usadas pocos días en el año, no siendo una aldea habitada en forma permanente.
La finalidad de la construcción es desconocida y como todo lo desconocido tiene para los contemporáneos, aspectos religiosos o funerarios y los más osados, fundamentos astronómicos.
Lo curioso es que en el solsticio de verano, el sol sale atravesando justamente el eje de la construccción y la gran cantidad de huesos y objetos encontrados evidencian la celebración de fiestas.
También han sido hallados entierros de humanos previamente cremados de una antigüedad de 3030 a 2340 AC dando a suponer que sólo unas pocas personas eran enterradas allí.












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