No recuerdo ni cuando ni como

“NO RECUERDO, NI CUÁNDO NI CÓMO”

No recuerdo, ni cuándo ni cómo, fui por primera vez a aquel museo. Seguramente, en alguna de las visitas guiadas del colegio, aquellas que nos gustaban porque nos hacían escapar del tedio de las aulas y que, si bien, no nos interesaban los museos, en cierta forma nos hacían conocer algo de la cultura guardada en esos espacios tan misteriosos, dónde todo está a la mano pero nada se puede tocar.

Cómo sea, ya lo dije, no me interesaban los museos, mi vida pasaba vertiginosamente entre el colegio, los deportes, los amigos, la música, los bailes, las muchachas, los gritos de mis hermanos y los retos.

No recuerdo, ni cuándo ni cómo, regresé a aquel museo en particular. Seguramente, fue alguna mañana en la que me escapé de mis obligaciones y no sabía que hacer, seguramente era gratis, o no, no sé, ya dije que no recuerdo.

Seguramente, no recuerdo, ni cuándo ni cómo, vagabundeando por las galerías ordenadas me fijé en aquel cuadro en especial. No es que me interesara el arte ni la pintura, yo no entendía nada de eso, ni me interesaba.

Era un cuadro sencillo y reflejaba la figura de una chica.

Seguramente, me olvidé del tema, pero no recuerdo, ni cuándo ni cómo, sentí el impulso de volver a ver el cuadro de la chica. Y volví, sólo para verla, no una sino varias veces.

Mi vida, no recuerdo, ni cuándo ni cómo, comenzó a cambiar, bueno, no sé si mi vida, pero sí mis costumbres. ¿Acaso la vida no es una sucesión de costumbres?

Ya no hacía tanto deporte, solía escaparme a ver el cuadro de la chica. Cada vez que volvía a verlo me parecía que era distinto, el paisaje, la ropa, el rostro.

No recuerdo, ni cuándo ni cómo, también, fui lentamente, desinteresándome por los bailes, pero los amigos y las muchachas eran parte de mi vida, casi como los gritos de mis hermanos y los retos.

Siempre que podía y a veces, cuando no podía, iba a ver el cuadro de la chica. No recuerdo, ni cuándo ni cómo, le comencé a poner nombres y contarle las cosas de mi vida.

Le contaba de mis miedos y mis alegrías, cómo cuando aprobaba las materias más odiosas, ganaba los partidos más difíciles o me liberaba de los castigos que me imponían mis padres.

No recuerdo, ni cuándo ni cómo, pero mi obsesión por la chica del cuadro, lentamente absorbió tanto de mi tiempo, que fui alejándome de los deportes, la música y los bailes y ellos van de la mano con los amigos y las muchachas, sin embargo, eso no impidió que los gritos de mis hermanos y los retos continuaran.

Nadie sabía nada de mi vida o la sucesión de mis costumbres, ésta se limitó a ir al colegio y volver al museo, allí dónde estaba el cuadro de la chica.

La chica a la que yo veía en distintos paisajes, le ponía distintos nombres y le contaba de mis miedos y alegrías. La chica a la que siempre veía distinta, en el mismo cuadro.

No recuerdo, ni cuándo ni cómo, ya no supe que contarle porque ya no hacía deportes, ni siquiera tenía amigos ni muchachas. Sólo el colegio, los gritos de mis hermanos, los retos y el cuadro.

Sin embargo, ya no me importaba el deporte, ni los bailes, ni la música, ni las muchachas, ni siquiera los gritos de mis hermanos, el colegio y los retos. En realidad,  estos dos últimos nunca me importaron.

Sólo me importaba el cuadro de la chica, a la que yo siempre veía distinta y le contaba de mis miedos y alegrías.

No recuerdo, ni cuándo ni cómo, ni siquiera recuerdo si era de día o de noche, ya que siempre estaba en el museo, me dirigí al mismo lugar dónde estaba el cuadro de la chica.

Pero, no encontré al cuadro. Solamente la suciedad que indicaba que, alguna vez, estuvo allí.

Busqué en otras paredes –tal vez la hubieran cambiado de lugar- pero no pude encontrarla.

Ese día no tenía a quien contarle de mis miedos y alegrías. Y tampoco tenía amigos ni muchachas, ni mi interesaban los deportes, el baile y estaba seguro de que ya no toleraría más ni al colegio ni a los retos, solamente, quizás, los gritos de mis hermanos.

Lentamente, a pesar de mi desesperación, comencé a tomar conciencia de que ya no vería más al cuadro de la chica. La chica a la que yo siempre veía distinta, le ponía nombres y le contaba mis miedos y alegrías.

No recuerdo, ni cuándo ni cómo, mis ojos se enrojecieron y la irritación los humedeció y la humedad se convirtió en lágrima y la lágrima en llanto.

No recuerdo, ni cuando ni cómo, el llanto cayó sobre mi ropa y se fue desfigurando a medida que se desteñía, la acuarela. La acuarela que me había dado vida, aquella noche, que no recuerdo, ni cuándo ni cómo, un pintor desvelado pintó mi figura en un cuadro, que alguien, que no recuerdo, ni cuando ni como, colgó frente al cuadro de la chica, allí en el museo, esos espacios tan misteriosos, dónde todo está a la mano pero nada se puede tocar

JULIO 2004

Carlos Enrique Spina

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3 Responses to “No recuerdo ni cuando ni como”


  1. 1 Inti 12 octubre , 2006 en 12:47 pm

    No recuerdo ni cuando ni cómo empecé a leer tus obras, pero me gusta mucho lo que escribís.

  2. 2 Xirana 25 enero , 2007 en 7:15 pm

    A veces uno sólo muestra su aspecto acuarelado, pero aún así, hay grietas.
    Me gustó 🙂

    Xirana

  3. 3 Amparo 28 febrero , 2008 en 5:06 am

    Este me gustó mucho Carlos, me hizo pensar en como a veces sólo tenemos la ilusión de ser lo que en realidad no somos o de como idealizamos a las personas, y cuando de verdad miramos, no estan ni “esas personas”, ni esos “nosotros”.


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Bienvenido navegante, el hecho de que haya usado Comandante como apodo no tiene connotaciones políticas.
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